Diez años después, el Acuerdo de París ha transformado la política energética, impulsando la acción y la inversión, pero también una feroz resistencia por parte de la industria de los combustibles fósiles.
Redacción.- Después de firmarse el histórico Acuerdo de París sobre el clima, las compañías de combustibles fósiles han estado luchando duramente para proteger sus negocios, inyectando millones en el lobismo y apoyando a políticos escépticos del cambio climático, con cierto éxito. En Estados Unidos, Donald Trump volvió a impulsar la retirada del Acuerdo de París y redujo el apoyo a las energías renovables en favor del petróleo y el gas. Cambios similares se están produciendo en otros lugares.
En el mundo empresarial, el entusiasmo por los marcos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) también se ha enfriado debido a la oposición política y a las cambiantes prioridades del mercado. Además, en las conferencias internacionales sobre el clima, la magnitud de los grupos de presión de las grandes compañías de petróleo y gas ha sido sorprendente.
«Tanto en la COP28 como en la COP29, los grupos de presión de los combustibles fósiles se presentaron de a miles, eclipsando a muchas delegaciones, en particular a las de los países más vulnerables al cambio climático», dijo a DW Erika Lennon, abogada principal del Centro de Derecho Ambiental Internacional en Washington, D.C.
En conjunto, estas iniciativas de presión han debilitado la política climática, afirma, por su parte, Richard Blanchard, director del Centro de Tecnología de Sistemas de Energía Renovable de la Universidad de Loughborough en el Reino Unido.
El intento de frenar el aumento de la temperatura global
En virtud del Acuerdo de París, los países se comprometieron a reducir el calentamiento global a 2 grados Celsius (3,6 grados Fahrenheit) e idealmente a 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales. Ahora, la ONU afirma que esa meta es inalcanzable, y que el mundo se dirige hacia un calentamiento de al menos 2,6 grados Celsius para finales de este siglo.
Es importante destacar que «la cantidad de petróleo que se extrae no ha disminuido desde 2015», señala Blanchard. Pero esta feroz determinación a seguir usando energías contaminantes no proviene del fracaso del Acuerdo de París, sino de su alcance, según expertos. El sector de los combustibles fósiles se siente amenazado. «El Acuerdo de París reduciría drásticamente sus beneficios», afirma Blanchard. Sus esfuerzos de presión, añade, son «una muestra de su postura defensiva». Dw en español.